Este sentimiento se diluye como el azucar en el té matutino. Se pierde en los rincones de una habitación pequeña y un poco incómoda.Hay veces en que las palabras salen en vano. Son millones de teclas presionadas cada día, todas ellas cuentan historias ajenas y distantes. Hablan sobre la roca, la riqueza y la prosperidad.
Las letras en mí no son prósperas, son el registro de todo lo que no me identifica.
Cómo quisiera que las palabras surgieran como marea de ese... amor. Ese fulgor que empieza desde el estómago y sube al pecho para estallar como un placebo de felicidad que puede o no tener motivo.
¿Cómo una película pudo provocar en mí aquello que no sentía en años? ¿o... será que algo más hubo en ese momento? No lo sé, quizás lo único cierto es que esa sensación me hace feliz... totalmente conforme y alienado.
Ese fulgor me hace sentir vivo y me hace escribir como nunca... como los viejos tiempos.
Qué irónica es la vida. Un día me pide reforma... resignación y cambio. Al día siguiente me llena de esa sensación que me da sonrisa... pero... no está el motivo.
... o quizás estaba a mi lado.

2 comentarios:
pobrecito...chico codelco.....
no entendiste u.u
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