
Me volviste loco desde el primer día.
La promesa fue... dejarlo todo atrás e ir por ti. Por eso Calama debió aceptar mi éxodo... fui a disfrutarla, a vivirla, a verla desde primera hora... a fundirnos en amor, a recorrer las calles de Antofagasta...
Todo el mundo envidió nuestros pasos. Nos miraban raro cuando parábamos en cualquier calle simplemente para besarnos y abrazarnos... como si el mundo se fuera a acabar.
Quise estar cerca tuyo, porque tenía la sensación de... que nuestra historia cambiaría. Que ya no sería Antofagasta, sino Santiago el siguiente capítulo.
Disfrute de ti como nunca antes. Me hice adicto a tus rincones. Explore tu ser... diluí mis intenciones en tu esencia. Me enamoré de tus días... de tus costumbres... de tu diario vivir.
Fue concentrado de ti. Una semana de intensas palabras... de imborrables besos... de intenso gozo.
Fuiste mi última estación. La más importante... la más amada.
Tienes todo de mí... lo mejor de mí.
Y ahora...
Ahora debo marcharme, porque sé que tu sueño depende de mis acciones. Sé que es tiempo de hacerte florecer. Es hora para que des el paso definitivo. Yo quiero darte la mano para que subas a este tren...
Allá te esperaré... y nada cambiará mi amor por ti
Así termina “Que la tinta cobre vida”... Betroyer finalmente abandona su tierra y va en busca de su destino en Santiago. Betroyer se enamora perdidamente de esta mujer maravillosa de Antofagasta y decide ser su gran impulso para su definitivo crecimiento.
Betroyer decidió dejar de quejarse...
y por fin, luego de 3 años de buenas intenciones... actúa... por él... por ella...
Por la vida.






